Tres fábulas que nos contaron y que valen la pena recordar

Las fábulas son aquellos relatos de ficción cortos, que tienen como principal característica su voluntad didáctica. Recuerdo que en casa teníamos un libro con fábulas de Jean de Lafontaine. Cuando somos chicos, son fáciles de aprender, y cuando crecemos vale la pena recordar algunas….

Aquí repasamos tres que seguramente te recordarán alguna experiencia personal.

LA ZORRA Y LAS UVAS

Encontrábase, un día, una zorra con tanta hambre, que al ver colgar de una parra un tierno, verde, y fresco racimo de uvas, se decidió a atraparlo sin esperar la llegada de una presa ni manjar mejor.

No pudo la zorra, sin embargo, alcanzar el verde racimo. Y cansada, tras muchos intentos, exclamó:

–¡Me voy! ¡Ni que me agradasen las uvas verdes!

Moraleja: A menudo los seres humanos fingimos despreciar aquello que secretamente anhelamos y que sabemos que es inalcanzable.

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LA TORTUGA Y EL ESCORPIÓN

Un escorpión necesitaba cruzar al otro lado de un río y como solo no podía hacerlo decidió buscar la ayuda de una tortuga.

–Tortuga, ¡ven por favor!
–¿Qué quieres de mí, escorpión?
–Pequeña tortuga, tengo una urgencia y debo cruzar hacia el otro lado del río, ¿serías tan amable de llevarme sobre tu lomo?
–No puedo, eres un escorpión y en cuanto me acerque a ti me picarás y moriré.
–En verdad necesito cruzar al otro lado y no tengo tiempo para rodear el río; es una pena que no me quieras ayudar sólo por que soy un escorpión, yo no tengo la culpa de ser lo que soy.
–Lo siento mucho, pero no puedo ayudarte o me matarías.
–Por favor espera, te propongo lo siguiente. Acércate a la orilla del río y yo subiré a tu lomo mediante un salto, de ese modo estarás segura. Además, si yo te pico nos hundiríamos los dos, si tu mueres yo moriría también.
La tortuga lo pensó una y otra vez, hasta que la explicación del escorpión la convenció de ayudarlo.
–Está bien, te llevaré al otro lado.
Justo cuando cruzaban sobre la mitad del río ella sintió un pinchazo en el cuello y mientras todo su cuerpo se adormecía alcanzó a preguntar:
–¿Qué pasó? ¿Por qué lo hiciste?
–Lo siento, no pude evitarlo, está en mi naturaleza…

Moraleja: no se puede cambiar a las personas. Podemos engañarnos pensando que puede ser diferente, pero hay personas que terminan hiriendo a otras e incluso a sí mismos, sin importarles las consecuencias.

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LA RANA Y EL BUEY

En un prado se encontraba un buey que pacía tranquilamente, justo por ahí pasaba una rana que lo vio y pensó para sí misma que si podría llegar a ser tan grande como un buey si llenaba de aire su pellejo arrugado.

Entonces la rana para parecerse al buey comenzó a hincharse, cuando termino se miró y le pregunto a sus hijos si ya era tan grande como el buey sus hijos le respondieron que no, entonces la rana siguió hinchándose de aire, y les volvió a preguntar a sus hijos creyendo que ya era tan grande como un buey pero sus hijos le volvieron a repetir nuevamente que no, la rana empeñada en ser tan grande como el buey hizo un último intento se hincho e hincho que finalmente acabo explotando de tanto aire.

Moraleja: Hay que aceptarse como uno es y no debemos pretender ser lo que no somos.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Estas fábulas siempre recuerdan a la infancia y lo mucho que nos enseñaron.

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    1. vero_nerad dice:

      Sí! Y justamente me gustó recordarlas porque tienen vigencia en lo que a nuestras conductas humanas refiere.

      Le gusta a 1 persona

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