El hablador (The talker)

Los habladores son unos tiranos odiosísimos de los corrillos. En mi opinión, que concede cierta especie limitada de racionalidad a los brutos, el hablar es un bien aun más primitivo del hombre que el discurrir. el que quiere ser oído y no escuchar a nadie, usurpa a los demás el uso de una prerrogativa propia de su ser. ¿Qué fruto sacará pues de su torrente de palabras? No más que enfadar a los circunstantes; los cuales después se desquitan de lo que callaron, hablando con irrisión y desprecio de él. Esta es una gente que carece de reflexión; pues, a tenerla, se contendrían por no hacerse contentibles. Si carecen de reflexión; luego también de juicio. Y quien carece de juicio ¿cómo puede jamás hablar con acierto, ni qué provecho resultará a los oyentes de lo que habla un desatinado, exceptuando el ejercicio de la paciencia? Así a todos los habladores se puede aplicar lo que Teócrito decía de la verbosa afluencia de Anaxímedes: que ella contemplaba un caudaloso río de palabras, y una gota sola de entendimiento.

Los flujos de lengua son unos porfiados vómitos del alma; erupciones de un espíritu mail complexionado, que arroja, antes de digerirlas, las especies que recibe. Suenan a valentía en explicarse, siendo en realidad falta de fuerza para contenerse. Yo capitularía esta dolencia, dándole nombre de relajación de la facultad racional. Otro dirá acaso que no es eso, sino que las especies se vierten porque no caben, a causa de su corta capacidad en el vaso destinado para su depósito.

Nadie se fie en que a los principios es oído con gusto. Este es un aire favorable para soltar las velas de la locuacidad. Aire favorable, sí pero, por lo común, de poca duración. La conversación es pasto del alma; pero el alma tiene el gusto, o tan vario, o tan delicado, o tan fastidioso como el cuerpo. El manjar más noble, muy continuado, le da saciedad y tedio. Así, el mismo que por un rato gana con su locuela la aceptación de los oyentes, si se alarga mucho incurre en su displicencia y aun pierde su atención. Las estrellas que se deben observar para engolfarse mucho o poco en los asuntos de conversación, permitir las velas al viento, o recogerlas, son los ojos de los circunstantes. su halagüeña serenidad o ceñuda turbación avisarán de la indemnidad o riesgo que hay en alargar un poco más el curso.

Más aún esta observación es engañosa en las personas de especial autoridad. Los dependientes, no solo adulan con la lengua, más también con los ojos. ¿Qué digo con los ojos? Con todos los miembros mienten, porque de todos se sirven para explicar con ciertos movimientos plausivos, con ciertos ademanes misteriosos, la complacencia y admiración con que escuchan al poderoso, de quien pende en algo su fortuna. A éste, entretanto, se le cae la baba y la verba. Vierte en el corrillo cuanto le corre bueno o malo, persuadido a que ni Apolo en Delfos fue oído con atención más respetuosa. ¡Ay miserable, y qué engañado vive! A todos cansa, a todos enfada, y lo peor es que todos, a vuelta de espaldas se recobran de aquel casi forzado tributo de adulación con alternadas irrisiones de su necedad. Créanme los poderosos que esto pasa así, y créanme también que el poder al que es necio le hace más necio; al que s discreto, si no lo es en supremo grado, le quita mucho de lo que tiene entendido.

Feijoo; discurso 10. Colección de Trozos y Modelos de Literatura Española. D. Angel María Terradillos. Tomo 1 – Prosa pág 152-3. Décima edición. Madrid. 1895.


 

The talkers are hateful tyrants of the corridors. In my opinion, which grants a certain limited species of rationality to the brutes, speaking is an even more primitive good of man than discourse. He who wants to be heard and not listen to anyone, usurps others to use a prerogative of his own being. What fruit will it draw from its stream of words? No more than angering the people around; which afterwards retaliate what they kept silent, speaking with ridicule and contempt of him. This is a people that lacks reflection; then, to have it, they would restrain themselves for not making themselves content. If they lack reflection; then also of judgment. And whoever lacks judgment, how can he ever speak correctly, or what benefit will it result to the listeners of what a foolish person speaks, except for the exercise of patience? Thus all the talkers can apply what Theocritus said of the verbose affluence of Anaximedes: that she contemplated a mighty river of words, and a single drop of understanding.

The flows of language are stubborn vomiting of the soul; eruptions of a conjured mail spirit, which sheds, before digesting them, the species it receives. They sound brave in explaining themselves, being really lack of strength to contain themselves. I would capitulate this ailment, giving it the name of relaxation of the rational faculty. Another will say that it is not that, but that the species are dumped because they can not fit, because of their short capacity in the vessel destined for their deposit.

No one can be sure that at the beginning they are heard with pleasure. This is a favorable air to loosen the candles of loquacity. Favorable air, yes but, usually, of short duration. The conversation is grass of the soul; but the soul has taste, or as varied, or as delicate, or as annoying as the body. The most noble delicacy, very continuous, gives satiety and boredom. Thus, the same person who, for a while, earns the acceptance of the listeners with his locus, if he lengthens a lot, incurs in his indifference and even loses his attention. The stars that must be observed to engulf themselves a lot or little in conversation matters, to allow the sails to the wind, or to collect them, are the eyes of the people around. his flattering serenity or frowning embarrassment will warn of the indemnity or risk that there is in lengthening a little more the course.

Moreover this observation is deceptive in people of special authority. Dependents, not only flatter with the tongue, but also with the eyes. What do I say with my eyes? With all the members they lie, because of all they use to explain with certain plausive movements, with certain mysterious gestures, the complacency and admiration with which they listen to the powerful, from whom their fortunes hang. To this, meanwhile, the talker drops its drool and see it. The talker pours into the circle how much good or bad it is, persuaded that even Apollo at Delphi was not listened to with more respectful attention. Woe be wretched, and how deceived they live! Everyone tires, everyone gets upset, and the worst thing is that everyone, on their backs, recovers from that almost forced tribute of adulation with alternate taunts of their foolishness. Believe me, the powerful ones, this happens like that, and believe me also that the power to which it is a fool makes them more foolish; The one who is discreet, if it is not in supreme degree, takes away much of what he has understood.

Feijoo; speech 10. Collection of Pieces and Models of Spanish Literature. D. Ángel María Terradillos. Volume 1 – Prose. pages 152-3. Tenth edition. Madrid. 1895

woman wearing teal dress sitting on chair talking to man
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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Leah dice:

    Deep thoughts 🤔 Thank you for sharing such nice excerpts of literature in Spanish !
    In fact I very much enjoy reading your billingual posts and always start with Spanish, which I can still read quite well after years of just passive use, having learnt it with great love as my third language, right after English and German ☺

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    1. vero_nerad dice:

      Waw! I tried with German but it is quite difficult to me… I didn’t give up…. but it is hard.
      About the text, this belongs to a literature book I bought in Spain, and it was printed in 1895… so to me it is fascinating to see what these people has to tell us! And this is a compilation of even older texts….!!!!. I love that book.

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