La Navidad que fui rica (The Christmas I was rich)

Esa Navidad hubo un árbol. No era tan grande ni estaba tan cargado como los otros, pero tenía adornos y luces de colores. También tenía regalos envueltos con papel de seda, pero no había tantos presentes como de costumbre. Corrían tiempos complicados, había poco trabajo y el dinero apenas alcanzaba (…) entendí porqué recibiría pocos presentes (…) Sabía que no habría ninguna sorpresa increíble en ese par de paquetes envueltos.

Estaba segura que recibiría un libro, mi mamá siempre me regalaba eso, no habría ningún vestido nuevo ni un pulóver. Ningún obsequio que respondiera a mis deseos. Había un paquete que tenía mi nombre, era de mi abuela. Lo dejé para lo último. Tal vez sería un vestido: a mi abuela y a mí nos encantaban. Avergonzada por ser tan ambiciosa, pero sin dejar de quererlo, finalmente lo abrí. ¡Medias! Soquetes hasta las rodillas. Con la esperanza de que nadie hubiese notado mi decepción, tomé un de los cuatro pares y le di las gracias a mi abuela. Ella sonrió. fue un gesto brillante y feliz. Volví a mirar el interior de la caja. Medias, nada más que medias. Sin embargo, vi que había otro para debajo del que había tomado anteriormente. Dos filas de medias. Otra. ¡Tres! Sonriente, comencé a sacarlas del paquete. Rosas, blancas, verdes y en todos los tonos de azul (…) ¡Doce pares de medias! Me levanté y le di a mi abuela un abrazo tan fuerte que nos dolió a las dos.

– ¡Feliz Navidad! De hoy en adelante tendrás un montón de opciones. Eres rica, mi amor.

Y en eso me convertí. Esa Navidad y todo el año. Cada mañana me sentía rica al revisar mi elegante guardarropas y elegir entre todas las opciones qué par de medias ponerme. Y ahora también. Al tiempo, mi madre me contó que la abuela había escondido esas medias durante casi un año: ahorrando moneditas, comprando un par por vez. En una oportunidad, al ver unas adornadas con un bordado hecho a mano, le pidió a la comprensiva vendedora que le aceptara una seña y se las guardara durante tres semanas. Ese paquete contenía un año de amor. Siempre recordaré esa Navidad. El regalo de mi abuela, su derroche de medias, me enseñó la maravilla y la importancia de las pequeñas cosas. Y cuanto nos enriquece el amor.

De Joan Cinelli, en Chocolate caliente para el alma de las madres. Editorial Atlántida.

That Christmas there was a tree. It wasn’t as big or stuffy as the others, but it had ornaments and colored lights. He also had gifts wrapped in tissue paper, but there were no as many gifts as usual. Times were difficult, there was little work and the money was barely enough (…) I understood why I would receive few presents (…) I knew there would be no incredible surprises in those couple of wrapped packages.

I was sure I would receive a book, my mom always gave me that, there would be no new dress or a sweater. No gift that responded to my wishes. There was a package that had my name on it, it belonged to my grandmother. I saved it for last. Maybe it would be a dress: my grandmother and I loved them. Embarrassed for being so ambitious, but still loving it, I finally opened it. Socks! Socks to the knees. Hoping no one had noticed my disappointment, I took one of the four pairs and thanked my grandmother. She smiled. it was a brilliant and happy gesture. I looked inside the box again. Stockings, nothing but stockings. However, I saw that there was another one below the one I had taken earlier. Two rows of stockings. Other. Three! Smiling, I began to take them out of the package. Pinks, white, green and in all shades of blue (…) Twelve pairs of socks! I got up and gave my grandmother a hug so tight it hurt both of us.

– Merry Christmas! From now on you will have a lot of options. You are rich, my love.

And that’s what I became. That Christmas and all year long. Every morning I felt rich going through my elegant wardrobe and choosing from all the options which pair of tights to wear. And now too. At the time, my mother told me that Grandma had hidden those stockings for almost a year: saving small coins, buying one pair at a time. On one occasion, when she saw some adorned with handmade embroidery, she asked the sympathetic saleswoman to accept an small pay in advance and keep them for three weeks. That package contained a year of love. I will always remember that Christmas. My grandmother’s gift, her extravagance of stockings, taught me the wonder and importance of little things. And how much love enriches us.

From Joan Cinelli, en Chocolate caliente para el alma de las madres. Editorial Atlántida.

Ya les he contado que uno de mis hobbies es guardar algunas revistas antiguas, encontré este texto en una revista Parati del año 2007, en el apartado “el mensaje de la semana”. Me pareció muy oportuno para la época que estamos viviendo en todo el mundo. He buscado este texto en internet y no encontré referencias del mismo por eso comparto la fuente de la misma forma que la encontré en la revista.

I have already told you that one of my hobbies is to keep some old magazines, I found this text in a Parati magazine from 2007, in the section “the message of the week”. It seemed very timely for the situation we are living in all over the world. I have searched for this text on the internet and I did not find references to it, so I share the source in the same way that I found it in the magazine.

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